Nuestro Tesoro olvidado:

La doctrina Social de la Iglesia

Es un cuaderno para familias y que empieza en el contexto familiar. Hoy estoy en casa de los abuelos, trabajando en el ordenador de mi padre y con mis dos sobrinos jugando alrededor. David, el mayor, quiere “ayudarme”, intenta mover el ratón mientras yo tecleo y, como eso no parece muy práctico, enseguida inventa algo nuevo e ingenioso: ayudarme a corregir, cada vez que una palabra se pone de color rojo, el me avisa para cambiarla. Y en esas estamos, en honor a mi pequeño secretario he empezado por escribir la dedicatoria que ya habéis podido leer: “Dedicado a mis sobrinos: Eva y David. Se trata de hacer un mundo mejor para ellos”.
Y, sí, de eso se trata la Doctrina Social de la Iglesia, de cómo les dejamos a estos chavales que empiezan la vida un mundo mejor. Porque parece que no se ha tenido esto muy en cuenta últimamente y los jóvenes y no tan jóvenes que ahora se incorporan al trabajo o quieren formar una familia lo tienen crudo para pagarse una casa, tener un empleo fijo, garantizarse las pensiones o respirar aire limpio en un planeta cada vez más degradado.
¿Vamos a plantearnos cambiar entre todos el rumbo de este mundo para que los niños que nacen hoy tengan una vida más humana?
¿Vamos a pensar “a lo grande” y sin fronteras para que los niños de todo el mundo puedan vivir dignamente?
De momento tenemos para ellos el hambre y las guerras y, después, si intentan salir de ahí a buscar una vida mejor, muros y alambradas cada vez más altas.
Por eso, dedicar un año a la Doctrina Social de la Iglesia es plantearnos que crezca el amor en nuestras familias. Que sea un amor verdaderamente cristiano que abrace a otras familias del mundo entero.